jueves, 1 de julio de 2010

¿Qué quiere Dios de mí?

Lecturas:
La Parábola de los talentos (Mt 23,14-30)
La parábola del sembrador (Mt 13, 3-8)
-Qué es una parábola

Jesús predica utilizando parábolas, es decir, ejemplos vivos, imágenes tomadas de la vida ordinaria, dándoles contenidos ricos y amplios, son historias sencillas fáciles de recordar.

La parábola de los talentos hace comprender la verdadera naturaleza de la relación que existe entre Dios y el hombre. Es todo lo contrario de aquel "temor servil que busca refugio y seguridad frente a Dios mismo en una exacta observancia de sus mandamientos" (J. Dupont). Es, al contrario, una relación de amor, del que únicamente puede brotar valor, generosidad y libertad.
Creer en Jesús es comprometerse en la construcción del Reino. No se trata de cruzarse de brazos o de cumplir una serie de normas, devociones o ritos. 

Reflexión:
La hacienda del Señor es el Reino de Dios y el amor de Dios: Nos confía su amor.   
*Preguntémonos
¿Qué dones tengo? ¿Hacia dónde encamino mi trabajo? ¿Qué objetivos tiene mi esfuerzo? ¿Simplemente vivir mejor y estar mejor considerado? ¿Tener éxito y basta? 
¿Ponemos nuestros talentos al servicio de la construcción del Reino de Dios?
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Parábola del sembrador

Es la más larga de las parábolas del reino y responde a una pregunta sobre por qué se producen efectos tan distintos en los que escuchan el mensaje del reino. La gracia es igual para todos, pero la libertad humana lleva a respuestas diferentes. 

Jesús, en la parábola, comunica la buena noticia de que el Reino de Dios llega a pesar de las dificultades del terreno, las tensiones, los conflictos y los problemas del mundo. La semilla del Evangelio fecunda la historia de los hombres y anuncia una cosecha abundante. Jesús hace asimismo una advertencia: sólo en el corazón bien dispuesto germina la Palabra de Dios.
Actividad:

Reflexiona en grupo sobre el siguiente texto http://catholic.net/file/print.php?id=1865      


Oración Final
Padre  Bueno:
Enséñanos a mirar al cielo y a
gustar las cosas de arriba.
Enséñanos a guardar tu Palabra.
Enséñanos anunciar tu mensaje.
Enséñanos a sentir tu presencia viva.
Enséñanos a reunirnos con los hermanos.
Enséñanos a extender tu reino.
 Enséñanos a no vivir cruzados de brazos.
           Enséñanos a rastrear tu presencia.
    Enséñanos a escuchar a tu Espíritu.
Enséñanos a recorrer tus caminos.
  Enséñanos a esperar tu venida gloriosa.

Fuentes 

http://www.mercaba.org/DIESDOMINI/T-O/33A/HO-1.htm 
http://www.marinaveracruz.net/liturgia/XXXIIIdomingo.CicloA.htm